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Los problemas de la ira su tratamiento

La ira es una emoción humana y, como tal, no es directamente negativa siempre que se tenga cierto control sobre ella. Es la percepción y reacción a una situación de frustración, amenaza, ofensa u obstáculos que se presentan en nuestra consecución de acciones o deseos, y cuyo resultado es un sentimiento negativo de irritación.

Íntimamente ligada a la ira está la agresión pero no siempre es así. La agresión pretende causar daño mientras que la ira también puede tener un componente esencial de reacción de defensa (enfrentamiento o huida suelen ser las reacciones más habituales). Pero alguien que sienta ira no necesariamente recurre a la agresión.

Se convierte en un problema cuando la gestión no es eficaz, cuando se siente con demasiada intensidad o frecuencia y no siempre se es capaz de saber qué la provoca. La ira tiene además unas consecuencias físicas muy notorias que en los casos en los que no se sabe gestionar bien se prolongan en el tiempo más de lo debido, con profusión de adrenalina, ritmo cardíaco y presión sanguínea lo que, además, no es demasiado conveniente para nuestro cuerpo, llegando a ocasionar cardiopatías, hipertensión o disminución de la eficiencia del sistema inmune.

La conducta amenazante que provoca la ira la mayoría de las veces es muy desasosegante para el entorno y puede tener consecuencias físicas, laborales, sociales y familiares muy marcadas sobre todo en las situaciones en las que no se sabe manejar o no se puede, de forma eficaz.

La ira nunca es una buena herramienta conductual de relación con los demás. Un progenitor muy inclinado a la ira como forma de cumplimiento de sus indicaciones u órdenes con sus hijos provocará efectos sobre ellos, tales como miedo e incluso distanciamiento emocional, a la larga.

Por todos estos factores, la ira puede ser un problema serio que debamos tratar.

¿Cómo se trata con los problemas de ira?

Mediante la asistencia de un profesional de la psicología como en Psicología Activa, se pueden generar pautas para empezar a tratarlo, siendo algunas de ellas:

Saber qué la provoca

Ser conscientes de los efectos que tiene la ira sobre nosotros y los demás.

Establecer un timeout, un momento en el que se realizan respiraciones profundas y detención de los pensamientos.
Este timeout indica además abandonar la situación presente que provoca la ira. Es una estrategia que te hace abandonar esa situación y buscar otra forma de resolverla que no implica la explosión de la ira.

Buscar formas de expresión para que la ira no se acumule.

Y, por supuesto, la terapia psicológica para seguir avanzando en el control emocional.

 

Si sientes que tienes problemas de control de la ira y que necesitas ayuda, en Psicología Activa estamos para ayudarte. Contáctanos sin compromiso.